En España hay
tradiciones seculares, algunas locales y apenas conocidas si no es por los
oriundos del lugar y de los pueblos más cercanos. Esas tradiciones se sostenían
en aspectos religiosos indisolublemente mezclados con otros paganos, o también
en supersticiones o creencias muy arcaicas. Otras tenían su base en la caridad
o sea en la necesidad de atender a los que menos tenían y que en diversos momentos,
hace años, eran mayoría en muchos pueblos de nuestro país.
San Antón o
San Antonio Abad, ermitaño egipcio, cuya festividad se celebra el diecisiete de
enero, está declarado como el patrón de los animales, y como veremos es una
fiesta religiosa reconocida que como tantas otras, comparte aspectos paganos en
los rituales populares.
Y es que San
Antón da para mucho más de lo que creemos. Todos conocemos los sanantones, esas
fogatas enormes –hogueras o luminarias- que se hacían y a veces se hacen en mi
pueblo y en otros muchos de España y cuyo origen tienen diversas
interpretaciones. Desde el broche final de la Navidad –ya se sabe: hasta San
Antón Pascuas son- hasta otras que lo justifican en la necesidad de quemar todo
lo sobrante de los trabajos agrícolas de esta época o en agradecimiento por sanar algún animal. Es difícil saberlo con exactitud. Suele ocurrir que en algún
lugar y en algún momento siempre hay alguien osado que se le ocurre decir lo
primero que se le viene en gana… y ya nos quedamos con esa justificación.
Pero hay una
tradición, perdida y recuperada por épocas y poblaciones, sin duda muy original,
como es la de “El gorrino de San Antón”. En mi pueblo se denominaba el “rito”
de San Antón o el “rito” Antón y por más que he buscado no encuentro la
acepción de rito empleada para un cerdo o para la cría de un cerdo. Por eso
creo que lo mismo que la palabra sanantón deriva de la hoguera de San Antón, lo
de “rito” debe provenir por el rito –ritual- de la matanza del cerdo o por el rito
en sí de ese acto de suelta del cochino, como ahora veremos. De ahí se ha
derivado que en ese rito, se le denomine “rito” al mismo cerdito.
El gorrino de
San Antón era y es un cerdo que antiguamente en nuestro pueblo andaluz y en otros
pueblos de Andalucía, la Mancha, Castilla, y Extremadura, se donaba y se dejaba
en la calle, en libertad, y era alimentado entre toda la comunidad vecinal durante
casi todo un año, para posteriormente rifarlo y el dinero obtenido se repartía entre los más necesitados o como en otros lugares se le sacrificaba y el pueblo
hacía una fiesta, se compartía su carne, y la mayor parte se repartía entre los
más pobres. En todo caso tanto la crianza como el destino del cerdo eran
siempre el mismo: socorrer, en un acto de caridad, a los que más lo
necesitaban. O sea que el gorrino al ser el símbolo material de un acto de
caridad era respetado y cuidado por todos.
Como
anticipaba, esta tradición se ha intentado recuperar hace no muchos años en
algunos lugares, como en mi pueblo. No obstante me han contado que alguna de las veces mas recientes que se
ha soltado el “rito” de San Antón, este no ha llegado a su final pues alguien,
por gracia, malicia o necesidad, se debió de apropiar de lo que era de toda la
comunidad y fruto de una donación generosa.
Este marrano
se bendecía y se solía marcar en las orejas. En otros lugares se le colocaba un
adorno o una campanilla para distinguirlo de los demás cochinos que en determinadas
horas del día podían andar por el pueblo. Se trataba de los cerdos de propiedad
privada que los porqueros –recuerdo a Santos- iban recogiendo de casa en casa,
conforme pasaban por las distintas calles. Por una módica cantidad los llevaban
durante buena parte de la jornada al campo a los lugares más idóneos donde
comer y solazarse. Era curioso ver como la inteligencia de estos animales les
hacía dirigirse a sus destinos, a la vuelta, cuando apenas aparecían por las
calles de sus dueños e incluso algunos empujaban al portón del patio, corral o
casa y se introducían solos en ella.
El “rito”
Antón, como se le llamaba y llama en mi pueblo, solía recorrer buena parte de
sus calles y plazas durante los meses que permanecía en la calle. A veces se
aquerenciaba en algún lugar o zona, hasta que decidía trasladarse. Los vecinos
del pueblo le daban desde el berbajo típico hasta los desperdicios y sobras de
comidas, incluidas mondas de frutas, etcétera. Todos sabemos que el cerdo es un
animal omnívoro, por lo que su alimentación solía ser fácil. El berbajo, un
alimento muy completo para los cerdos, es una mezcla de salvado, harina y a
veces se le añadía restos de patatas y frutas o mondas de ellas. También se le daba cobijo en las peores y frías
noches de invierno y en otras ocasiones se
le echaba agua en las oquedades de algunos charcos para que se bañase en el
barro.
En
Madrid, también se celebra este día de otro modo, pues son muy conocidas y
originarias –en otros lugares también se celebraban- las “vueltas de San Antón”
que consistían en dar vueltas, en romería, alrededor de la Iglesia de San
Antón, en la calle Hortaleza, para después bendecir a todos los animales que
participen en ellas. Esta tradición sigue celebrándose, ahora en forma de
desfile, y el padre Ángel les ha dado más relieve, incluso, en los últimos años al ser esta la Parroquia que está a cargo de Mensajeros de la Paz.

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