lunes, 11 de octubre de 2021

Curiosidades y algunas anécdotas de los cines en Castellar.

 


 

    Como es sabido y he referido en varios artículos anteriores, en Castellar, a finales de los sesenta y muy primeros de los setenta, llegaron a coexistir en verano hasta cinco cines. Colomer, con su estupenda sala; Mariquita, con su hijo Ciriaco, en su gran terraza de verano, y su sala de invierno; Colomer con su terraza de verano, en la Avda. de José López y el Cine Avenida, la gran novedad durante unos pocos años, situado en los corralones de la viuda de D. Lucas, donde inmediatamente después se construyó el Parque anexo a la Glorieta.

 Cine Avenida, cine de verano.

     Comenzaremos con este magnífico espacio del Cine Avenida, lugar que por sus características, hubo que acondicionar especialmente, alisando suelos que se cubrieron con gravilla a la vez que se subieron las paredes del solar con cañizo para impedir la visión desde fuera y desde los más diversos lugares. La pantalla, panorámica y gigante, en aquel momento, comparada con las de los demás, llamaba la atención por su espectacularidad. Un sonido estéreo muy potente inundaba no sólo el cine sino toda la zona. Lo regentaron D. Francisco Sanjuán y D. José Vicent.

         En este cine se instaló una barra, a modo de ambigú, y se completó el recinto con sillas de madera, de tijera, que permitía, en cualquier momento, ampliar el aforo dadas sus grandes dimensiones. Este fue su punto flaco  y de ahí surgieron sus principales anécdotas pues las sillas, no de muy buena calidad y bastante ligeras,  no siempre soportaban el peso de los castellariegos y fueron varios los casos en los que la silla colapsó con la consiguiente costalada del espectador o espectadora. Era fácil y divertido, antes nos reíamos por poco, ver a los usuarios probando las sillas con esmero, antes de acomodarse y buscando la más segura. Era todo un trabajo.

     Otra curiosidad de este cine consistía en que había personas que, desde fuera, no veían la pantalla, claro está, pero si escuchaban las películas, como si de una novela radiofónica se tratase, desde los alrededores del recinto.


 Cines de Colomer: sala y cine de verano.

 La estupenda sala del magnífico cine de Colomer -era de un nivel superior- también funcionaba en verano. Ni que decir tiene que estaba refrigerado. En invierno solía haber una buena calefacción. 

          Un verano ya de principios de los setenta, arriesgó proyectando dos cintas: Romeo y Julieta y la Celestina. Películas calificadas por la Iglesia como "granas", o sea gravemente peligrosas.  

La Guardia Civil, según se decía y se comentaba ampliamente, aunque nunca se pudo confirmar,  entró, en algún momento y algún día, y expulsó del recinto a más de un menor de 21 años que era en lo que estaba situada la mayoría de edad. No se dejaba, de por sí, entrar a nadie menor y a veces se pedía el carné. A pesar de que ni de lejos alcanzaba esa edad, conseguí, con parte de mi pandilla de entonces, ver esas dos películas que nos parecieron, para aquellos tiempos, bastante fuertes pero nos encantaron. 

D. Miguel, tiempos ha, tuvo un empleado ocasional, llamado Bartolo, que a veces pasaba por la sala esparciendo ambientador antes de empezar las proyecciones. Un día no debió acudir y el propietario del cine pasó, él mismo, por los pasillos con el envase del ambientador cuando ya se estaban apagando las luces. Una buena señora no lo reconoció y agarrándole del brazo le espetó: "joer... Bartolillo échame colonia..."  La cara del propietario fue todo un poema. 

Colomer que era un hombre muy educado, elegante y correcto en las formas, cuando murió el marido de Dª. Maria,  conocida por Mariquita, suspendió sus funciones de cine por respeto y luto, tanto el día del fallecimiento como un par de días más. Dª. María, como la llamaba siempre Colomer, el día después del suceso, colocó su cartelera para dar cine. Ella alegaba que la vida seguía y había que dar de comer a su familia. Eran dos formas totalmente distintas de entender la vida y el espectáculo.

 La terraza de verano de D. Miguel Colomer era bastante más pequeña pero coqueta. La recuerdo con sus paredes muy blancas, muy limpia y con pequeños detalles  del gusto natural del propietario. Uno de los veranos me vi todas las películas de toros que proyectó y que ese año fueron varias. En ese cine de verano solía poner películas folclóricas, taurinas y en general películas que llegaban a todos y que eran más ligeras y entretenidas para la mayoría. Las mejores cintas las reservaba para su sala.


 

El cine de D. Ciriaco Aragón, conocido como el cine de "Mariquita" y su magnifica terraza de verano.

 El cine terraza de D. Ciriaco Aragón,  el hijo de Mariquita, era muy atractivo por tratarse de un recinto ajardinado, con muchas plantas y muy fresco. En ella proyectaba algunos folletones como el muy conocido "El derecho de nacer". Su sala de invierno, muy popular, no tenía, ni mucho menos, las comodidades de la de Colomer. Sus butacas eran más incomodas y algunas no estaban ni fijadas en el suelo, por lo que servían para sacarlas, como alternativa, a la terraza en verano. No solía abrir su sala los días que eran estrictamente de verano. 

La calefacción principal, en esta sala, provenía de una gran estufa  que le daba un aspecto un tanto rural y a la vez romántico. La parte posterior de la pantalla debía estar situada próxima a la vivienda. Un día se fue la luz, nada raro en el pueblo, y tras la pantalla se veía una especie de llama. La gente se apuró y D. Maria salió rápidamente a tranquilizar y explicar que no era nada. Sólo se trataba de una vela, pues su hija estaba durmiendo al nene allí detrás, puesto que estaban de obra. 

Dª María, Mariquita, debía ser una mujer con buenos sentimientos que conocía las necesidades de mucha gente. Por eso dejaba pasar a bastantes niños o adolescentes a cambio de que hiciesen algún pequeño trabajo en sus cines. Era lo que se decía colarse, con el beneplácito de la dueña. Eso sí, se hacía de rogar. Colocar algunas sillas u ordenar o ayudar en algo era lo que solía encomendarse a cambio de ver la película gratis. Alguno de mis hermanos y sus amigos, cuando eran críos, entraron así, alguna vez, gratis al cine. Esto también lo practicaban en alguno de los otros cines, pero quizás en menor medida.

  

La importancia de los cines en Castellar.

 No me cansaré de repetir la importancia de los cines en la vida social y cultural de Castellar  y de manera especial el cine de Colomer; hombre preocupado por la cultura y que consiguió que este pueblo, en una época oscura, brillase con luz propia, no solo con el cine, sino también con el teatro: la mítica compañía de Julio Arroyo y Manuel de Benito y con los espectáculos anuales de los "cantaores", por ejemplo. En otros lugares escribo más expresamente de todo esto.

 

(Dejo los enlaces de mis escritos sobre cines, de forma directa o indirecta, en los que ya, desde hace muchos años, pedía, en algunos de ellos, un homenaje o reconocimiento público y oficial para D. Miguel Colomer, como podréis apreciar.)

 

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