Como es sabido y he referido en
varios artículos anteriores, en Castellar, a finales de los sesenta y muy
primeros de los setenta, llegaron a coexistir en verano hasta cinco cines.
Colomer, con su estupenda sala; Mariquita, con su hijo Ciriaco, en su gran
terraza de verano, y su sala de invierno; Colomer con su terraza de verano, en
la Avda. de José López y el Cine Avenida, la gran novedad durante unos pocos
años, situado en los corralones de la viuda de D. Lucas, donde inmediatamente después
se construyó el Parque anexo a la Glorieta.
Cine Avenida, cine de verano.
La Guardia Civil, según se decía y se comentaba ampliamente, aunque nunca se pudo confirmar, entró, en algún momento y algún día, y expulsó del recinto a más de un menor de 21 años que era en lo que estaba situada la mayoría de edad. No se dejaba, de por sí, entrar a nadie menor y a veces se pedía el carné. A pesar de que ni de lejos alcanzaba esa edad, conseguí, con parte de mi pandilla de entonces, ver esas dos películas que nos parecieron, para aquellos tiempos, bastante fuertes pero nos encantaron.
D. Miguel, tiempos ha, tuvo un empleado ocasional, llamado Bartolo, que a veces pasaba por la sala esparciendo ambientador antes de empezar las proyecciones. Un día no debió acudir y el propietario del cine pasó, él mismo, por los pasillos con el envase del ambientador cuando ya se estaban apagando las luces. Una buena señora no lo reconoció y agarrándole del brazo le espetó: "joer... Bartolillo échame colonia..." La cara del propietario fue todo un poema.
Colomer que era un hombre muy educado, elegante y correcto en las formas, cuando murió el marido de Dª. Maria, conocida por Mariquita, suspendió sus funciones de cine por respeto y luto, tanto el día del fallecimiento como un par de días más. Dª. María, como la llamaba siempre Colomer, el día después del suceso, colocó su cartelera para dar cine. Ella alegaba que la vida seguía y había que dar de comer a su familia. Eran dos formas totalmente distintas de entender la vida y el espectáculo.
El cine de D. Ciriaco Aragón, conocido como el cine de "Mariquita" y su magnifica terraza de verano.
La calefacción principal, en esta sala, provenía de una gran estufa que le daba un aspecto un tanto rural y a la vez romántico. La parte posterior de la pantalla debía estar situada próxima a la vivienda. Un día se fue la luz, nada raro en el pueblo, y tras la pantalla se veía una especie de llama. La gente se apuró y D. Maria salió rápidamente a tranquilizar y explicar que no era nada. Sólo se trataba de una vela, pues su hija estaba durmiendo al nene allí detrás, puesto que estaban de obra.
Dª María, Mariquita,
debía ser una mujer con buenos sentimientos que conocía las necesidades de
mucha gente. Por eso dejaba pasar a bastantes niños o adolescentes a cambio de
que hiciesen algún pequeño trabajo en sus cines. Era lo que se decía colarse,
con el beneplácito de la dueña. Eso sí, se hacía de rogar. Colocar algunas
sillas u ordenar o ayudar en algo era lo que solía encomendarse a cambio de ver
la película gratis. Alguno de mis hermanos y sus amigos, cuando eran críos, entraron
así, alguna vez, gratis al cine. Esto también lo practicaban en alguno de los
otros cines, pero quizás en menor medida.
La importancia de los cines en Castellar.
(Dejo los enlaces de mis escritos
sobre cines, de forma directa o indirecta, en los que ya, desde hace muchos años,
pedía, en algunos de ellos, un homenaje o reconocimiento público y oficial para
D. Miguel Colomer, como podréis apreciar.)
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