El carnaval siempre fue para mí
una fiesta importante en nuestro pueblo, pero a la vez me
causaba cierto temor en su forma tradicional. Hemos de tener en cuenta que nuestro carnaval se
asemejaba al de la Mancha y por lo tanto no nos disfrazábamos
solamente, sino que íbamos con máscara y totalmente tapados. Nuestra cercanía
con esa tierra hace que algunas de nuestras costumbres o de nuestra gastronomía
sean compartidas, aunque luego cada pueblo le dé un toque particular que de
alguna manera lo hace distinto.
En el carnaval
sucedía así. El hecho de disfrazarnos con la cara completamente tapada,
modificando la voz, con ese sonsonete agudo tan característico, nos hacia
acercarnos a esas costumbres manchegas aunque luego, como digo, lo
transformábamos en algo que lo hacia diferente y original.
La cara tapada
imponía mucho. De niño me asustaba, según la manera en que la persona
disfrazada se acercaba o se dirigía a mí o a nosotros. El “juego” también
consistía en averiguar o no la identidad de la máscara, que habría de
procurarse no desvelar públicamente. Si lo acertabas se comentaba en privado,
al interesado o interesada, pero no se debía difundir, aunque luego esa “regla”
se rompía, a veces, y entre amigos o amigas se comentaba.
Las máscaras,
así las llamábamos, solían ir en grupo si bien había alguna solitaria que era
casi siempre la que más respeto o miedo, incluso, provocaba.
El desfile era
anárquico e improvisado y calles importantes como San Benito, Mendo Benavides,
la calle de la Villa, la Glorieta, etcétera, eran la sede de este espectáculo,
en los años cincuenta y sesenta, que si bien estaba prohibido por la dictadura
franquista no era óbice
para que Castellar se llenase de máscaras, con la mirada distraída de la Guardia
Civil que pasaba por alto tal muestra carnavalesca, y no intervenía salvo que
se produjese algún incidente que pocas veces ocurría.
En la
infancia, me “refugiaba” –así lo veía yo- con mi madre en casa de la familia de
Crisóstomo, familia amiga, en la calle de la Villa. Allí con Lola, centenaria
que todavía vive y a la que guardo gran cariño, con Consola, a veces Paquita y
Josefa, cuando no estaban fuera, veíamos pasar por el balconcillo de la planta baja
a las máscaras que se paraban con nosotros, a veces en la puerta o incluso en
ocasiones entraban en la casa.
Algunas
mostraban acritud hacía determinado asunto o personas, o se permitían llevar
algún rótulo colgado o bien manifestaban, con esa voz distorsionada, un
comentario o alguna crítica o descontento durante esos días, que generalmente
comenzaba el domingo de carnaval continuaba el lunes y martes de carnaval, el
miércoles de ceniza y saltaba como último día al domingo de piñata, que sería
el siguiente domingo y primero de la cuaresma. Los sábados en aquellos años se
consideraban un día más de la semana.
Apenas con
once años comencé a disfrazarme con la familia Soto, en su casa, familia muy
querida para mí, y en la que Paco y
Fernando, eran mis amigos de entonces. Durante unos años mantuvimos el “mascareo”
hasta que a finales de los sesenta y principios de los setenta comenzó a
desaparecer de nuestras calles de forma inexplicable para mí, todavía hoy. Quizás
promovido por algún cambio de alcalde al que no le debía gustar demasiado esta
muestra despendolada de las máscaras castellariegas.
La frase “que
torpe que torpe que no me conoces” todavía resuena en nuestros oídos… y a veces
te turbaba si se añadía alguna cosa específica que de ti sabían y tú no conocías
de quien se trataba. Un pequeño juego, como digo, que en ocasiones podía
resultar un poco inquietante.
Un cepillo de
la ropa y los polvos de talco solían completar el disfraz y la máscara. A veces
el polvo de talco espolvoreado en la chaqueta del paseante que más que quitar
extendían con el cepillo, podía provocar cierto malestar en según quien fuese
el receptor y el alcance de la acción de la máscara.
Hoy ya es otro
tipo de carnaval, con disfraces, casi siempre a cara descubierta aunque
maquillada, y con un desfile a modo de cabalgata, organizado y preparado por el
equipo de gobierno de turno y algunas asociaciones.
Nuestro
carnaval pasó pues a la historia y ahora es totalmente distinto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario