jueves, 25 de octubre de 2018


Hoy comienzo este blog que alimentaré y perfeccionaré poco a poco y que como veis titulo “Castellar y otras historias”. He querido que el nombre de mi pueblo esté en el título. Castellar es una villa jaenera de tres mil quinientos habitantes. Situado en una colina de la comarca del Condado, cerca de Despeñaperros y de la tierra de Don Quijote y en algunas cosas hermanado con esos lugares, aunque sin perder su carácter puramente andaluz. Desde él se pueden ver y sentir los vientos de las sierras de Cazorla, Mágina y nuestra particular sierra del Oro, en las estribaciones de Sierra Morena.
            Sólo aspiro a que sea este un blog sencillo y con algo de “intimidad”, donde pueda escribir sobre temas directa o indirectamente relacionados con mi pueblo y otros quizás no tanto.
            Desde que salí de Castellar con dieciocho años para situarme en Madrid ha sido muy raro el mes en el que por un motivo u otro no haya vuelto a mi pueblo, aunque solo fuese para pasar un fin de semana. Ahí tengo numerosas vivencias y recuerdos, unos más antiguos que otros y unos mejores que otros, y allí he pasado momentos felices y también de profunda tristeza. En él se formó mi familia y nacimos mis hermanos y yo. Murieron y están enterrados mis familiares. En él me educaron y estudié, viví una infancia feliz, a pesar de las carencias, crecí y conocí el amor y la verdadera amistad, esa que a veces es tan importante o más que la familia misma.
           Mis amigos y amigas o quienes simplemente me conocen saben que de alguna manera mi alma va unida e irá ya para siempre al nombre de Castellar.
            Si algo no debe perder nunca de vista un ser humano son sus orígenes, sus raíces y es por eso que termino con este párrafo de mi pregón de fiestas del año 2010 –censurado posteriormente todo él, por cierto – y en el que pude expresar mis sentimientos por y para mi pueblo.

“Son muchos los ejemplos de la literatura que podríamos poner sobre el hombre que no tiene raíces o que vaga en busca de ellas. Varios autores como Sartre o Camus, se ocupan  de mostrarnos cómo el hombre que no encuentra el fin del fin de sus orígenes, que no es capaz de ver el lugar físico donde un día más o menos lejano vio la luz, tampoco lo encuentra psicológicamente. En casi todos ellos se habla de que ese hombre o esa mujer serán seres desarraigados a los que les faltará algo en su vida. Aunque uno es de donde es, y a menudo es de donde vive en cada momento de su vida, sin embargo la historia personal de cada individuo no se puede hacer desde el momento tal o cual, nos guste o no, la biografía ha de dibujarse completa y la del hombre y mujer tiene que serlo, por tanto, desde su origen. En la vida de cada uno es importante no olvidar nunca de dónde se viene.”


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